
Yo no he vencido mis miedos, solo he aprendido a caminar con ellos, a dejar que me acompañen sin dejarles decidir hacia dónde voy. Porque con el tiempo he entendido que el miedo no siempre viene a hacerte daño. A veces es solo un guardián silencioso quete recuerda que sigues viva, que hay algo dentro de ti que todavía late tan fuerte que tiembla, que te avisa, que te ayuda a estar alerta. No es tu enemigo, más bien te ayuda a equilibrar el camino que a veces es tortuoso y a través del miedo estás en guardia permanente.
El miedo es como un caballo salvaje, no se doma a la fuerza, ni se vence sin más, se aprende a escucharlo, a sentir su respiración cerca, a notar cómo tiembla… y a cabalgarlo sin esperar que deje de ser lo que es: puro instinto de supervivencia.
Es una forma de enseñarnos lo que somos… vulnerables…
Gestionar los miedos no es fácil, es una tarea ardua y difícil.
La mente puede confundirte y jugarte malas pasadas, por eso es tan importante el equilibrio y la sensatez de pensamientos, dejando atrás las fobias y traumas.
Se puede convivir con el miedo y no dejarte arrastrar por el…


El miedo nos indica que somos seres humanos vivos…
Miedo si, pero en su justa medida, no podemos dejar que marque nuestra existencia.