La vida es un gran escaparate donde todo lo que ves no es una realidad y mucho menos verdad…

Toda la vida creemos que seremos invencibles, que estaremos en la cima y que todos nos adularán como reyes… nada más lejos de la realidad, un querido amigo mío y cercano me lo dijo en cierta ocasión, su vida fue un sueño peligroso, era una persona muy influyente, nunca le faltaba gente a su alrededor, todos haciéndole la pelota… hipocresía pura y dura… así bastantes años… chofer, avión privado, fiestas lujosas, mujeres guapas… un círculo vicioso que al final te arrastra a ti y contigo a toda la familia… creo que esa vida de excesos y locura siempre te pasa un alto peaje, pero cuando estás metido en el boomerang es difícil darte cuenta de lo que está pasando…te atrapa y además te ciega sin dejarte ver la realidad…

Resumiendo y lo más importante de este mensaje es que a día de hoy mi amigo se encuentra solo, con poca gente a su alrededor, la familia hecha trizas y un vacío aterrador…. Eso es lo más duro, darte cuenta de que todo ha sido una mentira y que la realidad es otra…

Nos creemos que tenemos un contrato firmado con la vida y no es así, la vida te pasa factura todos los días y su contrato no está comprometido con nadie, eso es algo que muchos no piensan y creen que todo seguirá igual, pero no hay dos días iguales, no hay que dar por sentado nada en este mundo.

Esta partida se juega cada día desde que naces hasta que te mueres y no hay vencedores… tan solo vencidos.

Hay circunstancias terribles que nos muestran una cruda realidad,

Nada es para siempre… ahí se engloba todo… no te aferres a nada.

A veces, la vida se llena de ruidos que no valen la pena: opiniones ajenas, problemas pequeños, expectativas que no son tuyas. Y en medio de todo eso, se te olvida lo más importante: lo que te mueve, lo que te da paz, lo que te hace sentir vivo.

Estas aquí para construir una vida que tenga sentido para tí. Para cuidar lo que amas, para crear lo que sueñas, para volver a tí cuando el mundo te empuje lejos.

Cuando eliges enfocarte en lo que realmente importa, todo 

lo superficial pierde fuerza.

Y ahí, justo ahí, empieza la verdadera felicidad.

Entiendes que cuando te fijas en lo realmente importante, llega la plenitud y la felicidad.

Queremos vivir siempre la vida de otros y dejamos de vivir la propia.